Estambul - Gran Bazar


Hace pocos días estuve en Estambul.
Dejando de lado el tema aviones y vuelos turbulentos, solo puedo decir que es uno de esos lugares que deben ser marcados en la agenda para ir por lo menos una vez en la vida.
Podría dejar de lado también otras cosas, como por ejemplo la cantidad desbordante de turistas extranjeros -yo uno más de entre ellos- o el precio abusivo del menú del hotel -en comparación con los precios "de calle"-etc... Sin embargo, mi veredicto final es muy positivo; durante unos días lo olvidas todo y te retrotraes a un pasado con tintes mágicos orientales. La ciudad consigue mostrar lo mucho que esconde tras las piedras de sus mezquitas. El bullicio mercantil del Gran Bazar te envuelve y si consigues entrar en el juego del regateo, te atrapa.
El corte longitudinal que marca el tranvía uniendo las partes imposibles de Estambul se convierte en el eje sobre el cual gira la mayor parte de tus recorridos diários. Los puentes que unen la ciudad antigua con la nueva bullen de actividad; restaurantes repletos, cafés -o mejor decir teterías-para pasar la tarde cerca de una cachimba, puestos callejeros que ofrecen mil y una bagatelas...
Y subiendo por las callejuelas de la parte moderna con la lengua fuera, hasta encontrar Istikal Kadesi, pasando frente a la torre Galata y parando para reponer fuerzas en un autentico bar de tapas madrileño situado a su lado, las tardes de este verano han sido definitivamente distintas.
Quedan también en el recuerdo los paseos en barco. Alejandote de la ciudad y navegando por el Bosforo hasta su desenbocadura en el Mar Negro navegamos las mismas aguas -bueno, las mismas no- que aquel Jason mitológico y sus compañeros de novela. Me quedo sin conocer las islas Principe y supongo que muchas otras cosas que dejo para la imaginación.

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