27 abril 2009

Cine

Veo muchas películas al cabo del año, aunque solo recuerdo unas pocas cuando pasan a traves del tamiz temporal. Hoy quiero dejar constancia de dos de ellas.

Once, dirigida por John Carney e interpretada -y cantada- por Glen Hansard y Markéta Inglová.
Una gran pequeña película que demuestra que en el cine no todo son efectos especiales, tramas rebuscadas, afán de protagonismo (ya sea del guionista, director o actores de turno) y otras lindezas. Es reconfortante comprobar cómo con tan poco se puede hacer tanto. No digo más.

Hijos de los hombres, dirigida por Alfonso Cuarón e interpretada por Clive Owen, Julianne Moore, Michael Caine y otros.
Otra gran película, (en esta ocasión totalmente distinta a la anterior; gran presupuesto, actores conocidos, guión elaborado, etc.) tanto por su despiadado y descorazonador mensaje como por el efecto que causa en el espectador una vez concluida la película.

De la primera quiero destacar la simplicidad de la propuesta fílmica y las canciones escritas (y cantadas) por el propio actor principal. Además, la historia no profundiza demasiado en los personajes, lo que me parece un acierto -ya sea casual o buscado- porque deja que sea el espectador quien rellene los huecos. De la segunda película destaco la -desgraciadamente- creible respuesta humana que presenta en pantalla Alfonso Cuarón ante un descorazonador futuro como el que se plantea en esa película. A pesar del final (un poco simplón, en la línea del tipo de cine del que esta película se quiere alejar), me parece una historia muy potente.

Pasan los años