30 noviembre 2009

Montaje panorámico


Estas fotos me salieron mal para hacer un panorama.
Opción 01.
Tirar a la basura y volver a hacer las fotos.
Opción 02.
Probar suerte con algo nuevo para disimular los fallos durante las tomas fotográficas.

Yo soy algo "perrillo", así que opté por la opción 02.

Boulevard


Árboles, luces, aceras, casa, calle... Cuando me hablaron del lugar me hice una imagen mental que nada tenía que ver con la realidad. Total, olvidaron añadir la palabra que mejor define este rincón de donde vivo: estrecho.

Hierba en movimiento







A falta de viento que contribuya en la mejora de estas fotos sobre un tema tan manido como la hierva en movimiento, fui yo mismo quién moviendo el zoom, la cámara y alargando el tiempo de exposición, consiguió algo que, en principio, no me desagrada.

Papyre 6.1




Estas últimas semanas estoy muy ocupado porque se acerca CEVISAMA, la feria de la cerámica (que es la que me da de comer) y no me queda demasiado tiempo para salir a buscar esa foto -porque sé que está ahí- perfecta.
Ando además trasteando un aparato que compré el otro día y que está resultando ser un artilugio -cachivache, como dirían en una aventura gráfica que jugué hará ya 12 años-, de lo más entretenido. Se trata de un e-reader, en concreto el Papyre 6.1, aparato (gadget, que dicen otros) que sirve para leer libros pero sin papel de por medio. Opino que no hay nada como un buen libro de papel, pero la verdad es que ya me estaba cansando últimamente de llenar la casa de libros de bolsillo -edición barata- a la espera de ese interesante libro de tapa dura que cada día tarda más en llegar y atraparme. Con el tiempo, mi casa se ha ido convirtiendo en una especie de biblioteca sin criterio -bueno, el mío- en la que hay mucha paja y poco grano, así que me dije algo así como que bien podía ahorrarme unos cuartos utilizando uno de esos inventos para leer. Pocos días después de que la idea empezara a rondar por mi cabeza, vi uno en una vitrina de El Corte Inglés y decidí comprarlo.
Como véis, mi opinión sobre el aparato es positiva, el único pero es que no vale lo que cuesta y ese sobreprecio es el que hace que durante los primeros días tengas la sensación de que ha sido una mala compra. Cuando pasa el tiempo y te olvidas del gasto, empiezas a acostumbrarte a esa nueva forma de leer libros y lo disfrutas.
Todas esas líneas que has leido son, aparte de para rellenar espacio en esta entrada, para justificar el poco tiempo que he dedicado a la fotografía estas últimas semanas. De todas formas subo un par de fotos que hice ayer domingo, a las 7 de la mañana. Sólo falta añadir un comentario, o mejor sugerencia; si alguna vez decides hacer el esfuerzo de levantarte un domingo a las 6:30 de la mañana para salir a "echar" unas cuantas fotos, asegúrate de que tienes las baterías cargadas.
Yo tengo tres, así que ya es mala suerte que las tres estuvieran descargadas.
Y lo estaban.
Menos mal que una de ellas aún tenía cuerda para media hora y tres fotos.

19 noviembre 2009

Epi y Blas


Me ha hecho gracia descubrir que mis buenos amigos de la infancia Epi y Blas son conocidos con otros nombres fuera de nuestras fronteras. El "descubrimiento" ha ocurrido leyendo esta entrada en Blogvecindad.com .

Hay un comentario en esa entrada de Chicageek (que además tiene su propia página web) que me aclara el asunto. Dice lo siguiente:

Supongo que Beto es Blas y Enrique es Epi. Se usan distintos nombres en cada país pero siempre se mantiene la inicial. El original inglés es Bert y Ernie :)

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En fin, ya no podemos estar seguros ni de reconocer a nuestros ídolos en este mundo globalizado según estemos más o menos alejados de nuestro lugar de origen. O pensándolo mejor, esta es una muestra de que en el fondo, eso de la globalización nada de nada, porque ¿qué hay más local que adaptar tu nombre al lugar donde te encuentras? O quizá se trate más bien de todo lo contrario; esta es una buena muestra de que antaño el mundo era local y hoy es global. Y eso significaría que de volver a crear personajes similares, estos se llamarían igual en todo el planeta. Pero lo dudo porque hasta la rana Gustavo se llama Kermit the frog.

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Total, que en un mundo globalizado como el nuestro, la cuidada atención a todo localismo es a menudo sinónimo de éxito.

18 noviembre 2009

Aire

Luces del norte



Tomo prestado para estas fotos el título de una novela de Philip Pullman. Es la primera de tres que compone su obra "La materia oscura", novelas que leí hace tiempo, antes que fueran destrozadas por la maquinaria de Hollywood y que recomiendo con fervor.
A primera vista parece literatura juvenil, y así se ha vendido, pero yo que ya solo soy joven de espíritu, lo pasé realmente bien leyendo esa trilogía.

Siempre negativo




Paisajes que si no desolados, si producen cierta falta de sosiego.
Entramos poco a poco en el invierno, acompañados de buen tiempo (mal clima) y durante mi paseo matinal con perro, correa y compacta sin pilas, me enfrento por enésima vez a este paisaje que durante otras épocas del año se convierte en algo bastante más agradable a la vista. Hoy no era así, y el postprocesado potencia esa sensación de frío en el alma, ya que no en el cuerpo porque repito, hace buen tiempo pero no buen clima.

La partitura del ruido


He estado tres segundos pensando el título de esta foto.
Las cinco líneas me sugerían algo relacionado con un pentagrama musical y las puas me provocaban sensaciones negativas, tal como si oyera de fondo un ruido estridente, cacofonías de Guantánamo, quizá.

13 noviembre 2009

Iconoclastas del pasado



Aquel Prime Minister of Spain que tuvimos no hace mucho, parece que no fue nunca santo de la devoción de muchos. Como ejemplo de lo que digo traigo aquí este hallazgo, si queréis trivial.
Buceando entre álbumes de antiguas fotos, me he topado con estas que ya debieron llamarme la atención cuando hace ahora 5 años visité el templo de Santa Sofía, en Estambul.
Ahí vemos como algún iconoclasta ejerció por aquél entonces "su noble ofico" con el rostro del ya brumoso Aznar.

12 noviembre 2009

Asociación de ideas




No digo que haya causa efecto poniendo juntas estas dos imágenes (tomadas una cerca de la otra). Lo cierto es que el día que las tomé, encontré más bichos esparcidos por el suelo; un perro atropellado, un pájaro sobre el alfeizar de una ventana... así que si al de la foto le llegó su hora sería porque ese era y no otro el momento de partir.

06 noviembre 2009


Me ha gustado el efecto de la hierba y el pelo de mi perro, por eso subo de nuevo esta antigua fotografía que ya debe estar en alguna entrada anterior.

05 noviembre 2009

Atención, pregunta:

Hay una entrada más abajo ("Paradoja Lingüistica", sin acento, ni na. Vaya por Dios) que me interesa ampliar un poco con vuestra colaboración.

Un seguidor habitual y muy estimado por quién escribe estas palabras, comenta lo siguiente en dicha entrada:

"Algo más desarrollado en su trama se trata en LA HISTORIA INTERMINABLE, cuando Bastian Baltasar Bux se da cuenta y se "lee" a si mismo.
Buen intento...
Pero poco original..."

Y mi pregunta es:

¿Quién fue el primer escritor a quién se le ocurrió empezar a escribir lo mismo que estaba haciendo?
Es decir:
Me senté a la mesa, cogí un boli e escribí lo siguiente:
Me senté a la mesa, cogí un boli e escribí lo siguiente:
Me senté a la mesa, cogí un boli e escribí lo siguiente:

Alguien tiene que haber sido el primero en escribir algo parecido a eso (pero mejor, claro) y querría saber más del asunto y en qué obra.

Ale, ya tenéis tarea.

Bicicletas


Comí el otro día en un restaurante y en una de las paredes, a modo de decoración, había unas hornacinas acristaladas con estos maniquíes sosteniendo bicis.
En un descuido del jefe de sala, me acerqué a cada una de las hornacinas y les hice una rápida/mala foto. Después solo ha hecho falta revelarlas, unirlas en esta composición y subirlas aquí, cual esplendido trofeo (de caza menor, eso sí).

04 noviembre 2009

02 noviembre 2009

Paradoja lingüistica

El viejo Flanagan Green abrió los ojos cuando la nube etílica que envolvía su maltrecho cerebro se disipó. Lentamente las cosas fueron dejando de rodar a su alrededor, volviendo a su sitio, estabilizándose y así, cuatro horas después de que el último de los primeros rayos de la mañana abandonaran el sol y cruzaran los ocho minutos que nos separa, el viejo micks estuvo preparado para sentarse de nuevo a la mesa, coger tembloroso la pluma y continuar de nuevo con su obra.
Sabía lo que quería contar, el punto de vista desde el que pretendía narrar toda una vida de pequeños fracasos, tenía nebulosamente claro que podía ser un éxito, como lo habían sido tres escasos de sus veintisiete libros anteriores y sin embargo, no conseguía hacer avanzar la historia. El triste cuartucho donde se había recluido, casi enterrado, como ese viejo elefante que en el fondo era, estaba repleto de hojas arrugadas, manchadas o destrozadas y a medio escribir. Se sabía anclado, más bien varado aún en la primera página desde aquel lejano día que decidió empezarla contando su propia vida. Quizá fue esa falta de suerte en el arranque la que le había conducido hasta su desesperación actual. El alcohol era pues, consecuencia de su imposibilidad por hacer avanzar la historia, y no al revés. Sin embargo cogió tembloroso la pluma, asustado, ya casi fracasado, sabedor a desgana de cual podía ser el destino de la inmaculada cuartilla que le aguardaba desafiante sobre la mesa, acercó la punta al ya casi seco frasco de Pelican y comenzó por enésima vez la primera página de sus memorias; presentía que esta vez iba a ser distinto, algo le decía que iba a poder llegar a la segunda página, después a la tercera y así, casi sin darse cuenta, esa misma noche se acostaría triunfador, más tarde dejaría el alcohol, como ya lo había hecho veintitantas veces antes y a no más tardar un mes tendría, por fin, las 400 páginas que esperaba escribir.
Comenzó:
El viejo Green abrió los ojos cuando la nube etílica que envolvía su maltrecho cerebro se disipó. Lentamente las cosas fueron dejando de rodar a su alrededor, volviendo a su sitio, estabilizándose y así, cuatro horas después de que el último de los primeros rayos de la mañana abandonaran el sol y cruzaran los ocho minutos que nos separa, el viejo micks estuvo preparado para sentarse de nuevo a la mesa, coger tembloroso la pluma y continuar de nuevo con su obra...

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