No me presenté


Subo esta ilustración que empecé a preparar cuando decidí presentarme al concurso de carteles 2010 de Almassora. Finalmente no lo entregué por varios motivos; no tuve tiempo libre para dedicarlo al cartel (por una inoportuna mezcla, según se mire, de hijo nuevo en casa (de ahí lo de según se mire porque mi hijo es lo más de lo más), trabajo absorbente, compromisos inexcusables...), falta de convicción en la idea que se me ocurrió, etc.
Esto de los concursos fue durante mi época de estudiante y los primeros años posteriores a mi graduación, una ilusoria tabla a la que agarrarme, mientras aprendía técnicas gráficas, soltaba mano y me entretenía. En caso de ganar un concurso, podía obtener un, siempre bienvenido, extra que justificaba por sí solo el tiempo empleado y el dinero invertido.
Ahora, pasados los años, tengo claro que de seguir por aquel camino me hubiera dado directamente de bruces contra un muro. El muro de lo absurdo, contradictorio e injusto (a veces) que implica el dejar en manos de políticos y aficionados, no ya el fallo de un jurado sino el sistema empleado, es decir, el concurso en sí. Pienso que un trabajo gráfico debe ser encargado a profesionales, gente que sepa como emplear correctamente el dinero del contribuyente en maximizar el objetivo último de ese trabajo gráfico, que es el de publicitar un evento concreto, en este caso concreto las fiestas de Almassora.
El concurso sirve simplemente para contentar al ganador, a expensas de los perdedores que suponen el total de los presentados al concurso menos uno, y a tranquilizar la conciencia de quién promueve el concurso en tanto que este cree, o piensa, que es la forma más justa y democrática que hay para pagar un trabajo ofertado. Quizá sea cierto esto último, pero a medias, porque el fallo de un jurado no asegura que el ganador sea el mejor trabajo presentado. Yo mismo gané concursos con trabajos de menor calidad (subjetiva) que otros presentados al mismo concurso.
Volviendo a la cuestión del principio, acabo diciendo que dejo aquí el último de los bocetos con los que estuve trabajando para disfrute (o dolor) de los ojos que posen su mirada ante él.

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