Hay unas tierras yermas frente a las instalaciones de Porcelanosa, a la espera de que la crisis acabe y alguien pueda construir tropecientos complejos de esos que nos atraen la vista con luminosos fluorescentes, anuncios de rebajas resaltados, dos mil coches aparcados alrededor y promesas de un futuro mejor a costa de esquilmar bolsillos con nuestra aquiescencia, adquirir ese enésimo producto que no necesitamos, sacarle la piel a un pobre animal, pagar 2 € al mes ala ese niño que cose balones en un país perdido de Asia, restar tierras al erizo que ahí tenía su madriguera, llenar de sueños al labrador que dejó perder sus campos ante la promesa de riquezas obtenidas con la especulación...
Mientras todos ellos esperan que el sol vuelva a salir (o se esconda, según el punto de vista de cada interesado, pregúntenle al erizo), acabe la crisis, pasen de largo los ajustes de Grecia y todo vuelva a la normalidad -para algunos normalidad equivale a la España anterior a la crisis, aunque esa es una situación que no creo volver a ver-, yo puedo darme una vuelta por esas tierras abandonadas y hacer fotos como las de estas recientes entradas.

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