No hay bien que por mal no venga


Este de aquí arriba es un gran problema para (entre otros) el fotógrafo de a pié, ese que madruga ilusionado cada domingo para acercarse a cualquiera de los perdidos pueblos que puntean el mapa interior. Con la idea de captar bellos rincones, panorámicas idílicas y bucólicas estampas se topan de bruces con la realidad, que no es otra que la del turismo salvaje, el acceso a tutiplén de todos a todo, la mancha de modernidad, civilización y progreso a la que hemos accedido Transición mediante.
Y no me puedo quejar porque uno de los coches que imposibilita la imagen perfecta bien podría ser el mío.

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