Amanecer, retener el instante



Esta mañana me han visto pasar corriendo mis compañeros de trabajo.
Habrán pensado que quería llegar a la hora a mi puesto de trabajo, que se me había hecho tarde o que valoro la puntualidad, no sé. El caso es que en la calle, frente a mí, una imagen de postal se desplegaba en todo su esplendor. Un amanecer de 4 estrellas recortado por el perfil de una de tantas fábricas que rodean la mía (bueno, mía, mía no). Tenía que retener ese instante y la cámara estaba guardada en el cajón del despacho.
Ese minuto extra impide captar la primera imagen, la que me llamó la atención. Estas fotos que subo están buen -o mal, eso no importa- pero el sol estaba en otra posición, las nubes lo cubrían de otra forma y no había ningún camión afeando la instantánea.
Hace años que quiero fotografiar una herrumbrosa valla publicitaria abandonada que hay en medio de una ciudad por la que paso todos los días al ir al trabajo. Cada día que la veo me digo "tengo que hacer una foto". El viernes pasado iba a decirme lo mismo cuando, ¡oh sorpresa!, no solo no estaba la valla, sino que en ese instante estaban acabando de derruir el edificio que la sujetaba.
Nunca seré un buen fotógrafo porque siempre olvido la principal norma de esta afición:
"Lleva siempre contigo una cámara de fotos".
La segunda norma podría ser esta:
"La mejor cámara del mundo es la que llevas encima, sea cual sea".

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