Sin no hay sangre, el delito es menor


Esta mañana he parado en la cuneta para rebuscar entre los trastos que transporto absurdamente en mi bolsa de ir al trabajo, una cámara de fotos. Al final, para retener este instante, me ha servido la del móvil.
Si todos los cielos fueran así, acabariamos con las pelis de vaqueros, los documentales de La Dos y los catálogos de las agencias de viajes, afortunadamente se trata de un caso aislado; no todas las mañanas cosemos el cielo a navajazos*.
Este debe ser un crimen impune, pues al llegar a destino no detienen nunca al capitán del avión

*O a lo mejor sí, pero como trabajo bajo techo me pierdo tanto el vuelo de un halcón como el de Halcón Viajes.

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