A la altura del pepino.

¿Por qué en esta guerra que han montado Oiarzabal y Pasaban tienen que perder los dos?
¿Acaso no le asiste la razón a Oiarzabal?
Siendo así, ¿No tiene derecho, cuanto menos, a quejarse?
¿Tanta fuerza mediática tiene Pasaban para que, siendo ella la primera en meterse en esta camisa de once varas, comparta simplemente el despropósito con Oiarzabal?
¿Es que quién se siente menospreciado, calumniado o utilizado, no puede nunca hacer nada?

En fin, es casi como lo del pepino en Alemania, ahora mismo estamos mendigando una triste compensación económica cuando el mal ya está hecho y no hay dinero fresco, ni campaña publicitaria global que pueda devolvernos al punto de origen en la mente de los consumidores europeos.

Difama que algo queda.

Consideraciones;
01. En el tema de los escaladores se comenta que todo es por un millón de euros de los patrocinadores. ¿Os parece poco? Yo por ese dinero incluso organizaba una pelea de barro.

02. Si en vez de pepino habláramos de productos con nombres más elegantes tal como tamarindo o mangostán, ¿se habría tratado este triste asunto con mayor seriedad?

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Camisa de once varas: Proviene de la Edad Media donde era costumbre, al adoptar a un hijo, que quien iba a ser el padre adoptivo, muchas veces un eclesiástico que deseaba un sucesor, lo metiera por la manga de una camisa muy amplia -de ahí la exagerada medida de once varas- y lo sacara por la cabeza, queriendo simbolizar con este recorrido un segundo parto.
Quien se metía en esta camisa iba a dar en una familia y a un lugar que no eran los suyos, lo que a veces, como parece sugerir la frase, especialmente cuando se adoptaba a jóvenes o adultos, no salía del todo bien. Texto copiado de Errores Históricos.

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