La espera fiel


Venancio Linares, natural de Roda de Isábena, el pueblo más pequeño de España, marchó a la capital en busca de fortuna, afortunadamente la encontró después de no pocos vaivenes que la vida le ocasionó.
Aficionado a la química desde que en su juventud su padrino le regalara un juego de quimicefa, pronto aprendió a experimentar. Con el tiempo y los estudios pronto se especializó en transparencia e intensidad lumínica, motivo por el que fue contratado por los laboratorios Truñón, situados cerca de Recoletos, donde pasaría la mayor parte de su vida
El hecho más destacable de su breve biografía ocurrió en 1967 cuando don Venancio fue inesperada noticia de primera plana en todos los diarios, especialmente recordada es la atención que le dedicó durante un tiempo el semanario Arriba, dedicándole toda la segunda página al incidente que provocó las secuelas que arrastró el resto de su vida y que le otorgaron fama mundial, alentada esta por la maquinaria del Generalísimo, quién necesitado de noticias quasicientíficas para su nuevo plan quinquenal hizo del pobre Venancio centro de las esperanzas de un futuro mejor para España.
El caso cierto es que una fortuita explosión en el laboratorio mientras don Venancio Linares experimentaba con ciertos ingredientes, le provocó una invisibilidad permanente que puede apreciarse a simple vista en esta fotografía que adjunto de muestra en la que aparece El señor Linares junto a su can Dado, un nombre muy adecuado para este perro dado el gusto por los juegos de azar que demostró su dueño cuando casi gana el primer premio de la primitiva el 17 de octubre de 1985.
Ahora, en el otoño de su azarosa vida, descansa don Venancio jugando con el Dado.

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